El primer ministro británico desea ser igual que el presidente Bush y viajar en un avión de superlujoTony Blair, brazo derecho de Bush en la diplomacia post 11-S, está cansado de dar la vuelta al mundo en jumbos fletados a la British Airways, sin camas ni escritorio, sin un casco acorazado y sin comunicaciones a prueba de satélites espía. Y ha pedido al Tesoro británico una versión del ´Air Force One´ con la bandera de la Union Jack en la cola. El objeto del deseo del primer ministro ha sido bautizado por la prensa de Londres como el ´Blair Force One´, y los enemigos de Tony -que el líder laborista ve por todas partes- afirman que es una prueba más de sus delirios de grandeza, de su aspiración de ser el equivalente europeo de Bush.

Blair responde que no, que nada más lejos de la realidad. Que su deseo de un avión cómodo y a prueba de bombas es una aspiración lógica en el clima de seguridad tras los atentados del 11 de septiembre, y una necesidad teniendo en cuenta sus frecuentes viajes al extranjero como ´embajador extraoficial´ de la coalición contra el terror.

El asunto del ´Blair Force One´ ha dividido al Gobierno de Su Majestad en dos bloques, el de los ´gastones´ y el de los ´austeros´. En el primero está el primer ministro, el ´staff´ de Downing Street, el Foreign Office -Jack Straw podría utilizar el avión cuando no estuviera reservado por su jefe-, y el Ministerio de Defensa, por una cuestión de prestigio. Y en el segundo está el canciller del Exchequer, Gordon Brown, perro guardián de las arcas nacionales y rival de Blair por el poder, que cree que se trata de un despilfarro.

Hasta hace poco el Reino Unido tenía su avión oficial, un viejo VC-10 de la Royal Air Force ´enriquecido´, tapizado y con asientos de lujo, que utilizaban la reina y la familia real en sus viajes por los dominios de la Commonwealth, y Margaret Thatcher en sus paseos por los confines del ex imperio. ´La Dama de Hierro´, dice la leyenda, se sentía como niña con zapatos nuevos cuando las azafatas le servían la cena en vajilla de porcelana con cubiertos de plata con el escudo de la Royal Air Force. Pero el VC-10 cayó en desgracia en tiempos de John Major, que lo consideraba cutre, ruidoso y desfasado, y prefería ir en primera clase de un British Airways cualquiera. Y ahora hace meses que el avión oficial del Reino Unido está ya retirado de servicio con los máximos honores, con los metales fatigados tras cientos de miles de horas de vuelo, esperando el momento del desguace.

De manera que ha llegado la hora de la decisión. O Gran Bretaña se pone al nivel de Estados Unidos y encarga a los ´sastres aeronáuticos´ de la Boeing un ´Blair Force One´ hecho a medida con las mejores telas, o se conforma con ir a las fiestas con los ´fracs alquilados´ de la British Airways, como cualquier otro presidente de Gobierno de la ´pobre Europa´. Blair, crecido por su amistad con Bush, no se resigna a tirar la toalla, y ha presentado a Brown un presupuesto lo más ajustado posible de 120 millones de euros. Al fin y al cabo no necesita los cuatrocientos metros cuadrados del ´Air Force One´ yanqui, ni sus ochenta y cinco teléfonos y veinte televisores, ni duchas, ni dos cocinas, ni sala de operaciones, ni los diez mil kilómetros de autonomía de vuelo, ni la capacidad para repostar combustible en el aire, ni siquiera una despensa con provisiones para más de un mes, en caso de que haya un ataque nuclear y el presidente se tenga que quedar en órbita hasta que se calmen las cosas allí abajo…

Contrariamente a Major, Blair adoraba el viejo VC-10, a pesar del escándalo que montaba el aire acondicionado y el hecho de que los asientos mirasen al revés. Se sentía como un rey en los cómodos sofás cama que hizo instalar, con un coste de 80.000 euros para los contribuyentes, y lo utilizaba mucho más que la exquisita familia real. La jubilación del aparato fue un duro golpe para Tony, que ahora exige un juguete nuevo.

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