Las aerolíneas económicas acorralan BA con una salvaje competencia. British Airways afronta las mayores pérdidas desde su privatización hace quince años para este ejercicio, que finaliza el 31 de marzo. “Los beneficios operativos estimamos reflejarán pérdidas de 338 millones de libras esterlinas”, apuntan desde Goldman Sachs.

Las rutas transatlánticas, principal fuente de beneficios de la compañía, se han visto alteradas por la ralentización de la economía y por los atentados terroristas del 11 de septiembre. Y las pérdidas acumuladas en los últimos años en las rutas europeas, conecuencia de la desregulación del sector, quedan ahora al descubierto. A ritmo similar se acumulan las ganancias en las aerolíneas de bajo coste como Ryan-air, EasyJet, Go o Germania Fluggesellschaft.

“En los aviones de British Airways viajamos habitualmente unas quince personas, excepto en lunes o viernes, que van un poco más llenos”, comenta un ejecutivo que vuela semanalmente de Barcelona a Londres. “Y en el ‘finger’ de al lado vemos a los pasajeros de Easyjet, que casi no caben en el avión”, añade.

Los clientes corporativos se están también convirtiendo en clientes de las compañías de bajo coste. El precio de los billetes puede llegar a ser hasta una décima parte del de las líneas tradicionales, según ha publicitado Ryanair.

Ryanair, radicada en Dublín, fue pionera a principios de los noventa en imitar el modelo desarrollado en Estados Unidos a principios de los setenta por Southwest Airlines. Actualmente traslada al año a 10 millones de pasajeros y prevé situarse en 40 millones el año 2010, acercándose al tráfico actual de British Airways, cuando le entreguen los cien Boeing 737-800 negociados a precio de crisis, con opción a ampliar el pedido en cincuenta más.

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