Así, los pasajeros se encuentran virtualmente atrapados en los aeropuertos durante horas y resignados a matar el tiempo de espera de forma creativa.Las nuevas medidas de seguridad de los aeropuertos, los habituales retrasos en los vuelos y las evacuaciones forzosas que últimamente se prodigan han obligado a las empresas que administran los aeropuertos a agudizar el ingenio y a encontrar servicios, que siendo económicamente rentables, ayudan a relajarse a los pasajeros.

Antes del 11 de septiembre, en Estados Unidos tomar un vuelo doméstico tan sólo requería que el pasajero llegase al aeropuerto media hora antes de la salida del vuelo. Ahora nadie llega al aeropuerto con menos de un par de horas de anticipación.

Así, los pasajeros se encuentran virtualmente atrapados en los aeropuertos durante horas y resignados a matar el tiempo de espera de forma creativa.

Los masajes y las manicuras, de todas formas, forman parte de esas oportunidades de oro que los comerciantes ven ahora en los aeropuertos.

Los centros donde se dan masajes ofrecen al pasajero un oasis de paz. Los teléfonos móviles tienen que ser desconectados para evitar que se moleste a otros clientes y los ordenadores portátiles son apagados.

El pasajero tan sólo tiene que sentarse en una silla especial, con la ropa puesta, y relajarse. Allí un masajista le ofrecerá sus servicios por, aproximadamente, un dólar por minuto.

Los servicios se pueden contratar por 10 ó 15 minutos o por una hora completa. Aunque antes de sentarse para recibir el masaje el cliente, al más puro estilo estadounidense, firma un documento en el que afirma que está sano y que exime al masajista y a la empresa de cualquier responsabilidad si surgiese alguna lesión como consecuencia de este servicio.

Los masajes tienen tal popularidad que en algunos aeropuertos es muy habitual ver a clientes que van a darse este servicio incluso después de haber llegado a su destino.

En algunos centros de masaje de los aeropuertos, como en el del aeropuerto de Baltimore-Washington, el negocio se ha cuatriplicado desde el 11-S. Sears, que abrió este negocio en julio pasado pensando hacer 100.000 dólares anuales, cree que el negocio será ahora de unos 400.000.

Los masajes son cada vez más populares y ahora se pueden recibir en los aeropuertos de Boston, Chicago, Orlando y Virginia, entre otros. Pero el fenómeno no es únicamente estadounidense, en Europa también ha llegado la fiebre de los masajes y los aeropuertos de Copenhague y Londres ya lo ofrecen.

El mensaje de todos estos centros es claro, convierta su tiempo en el aeropuerto en una agradable experiencia. Y es que además los pasajeros se pueden ir a comer a restaurantes reconocidos por su cocina y no por la rapidez de su servicio. Las hamburguesas y la comida rápida ya compiten con las ostras y el cava.

El diseño de los aeropuertos también ha cambiado. Si antes era una prioridad que el pasajero tuviese que andar lo menos posible entre vuelo y vuelo, ahora se prefiere que el viajero tenga que cruzarse el aeropuerto con la esperanza que, de paso, termine comprando algo o haciéndose la manicura.

Por su parte, el aeropuerto de Copenhague ha instalado un pequeño campo de golf en su centro comercial. Hasta el próximo 7 de abril, mientras se esperan los vuelos se puede practicar este deporte en dos modalidades: en los tres hoyos de la terminal de pasajeros o emulando a Tiger Woods en Bay Hill, Disneyland, a través de un simulador electrónico. Este servicio es gratuito y se ofrece de 7 a 20 horas.