La medida se dirige a fortalecer la seguridad tras los atentados del 11-S. Desde el 1 de enero todas las aerolíneas están obligadas a notificar al Servicio de Inmigración y Naturalización estadounidense los datos de los pasajeros que transporten, ya sea de entrada o de salida del país.

Entre esos datos están el nombre completo de la persona, su fecha de nacimiento, nacionalidad, sexo, número de pasaporte y país donde fue expedido, así como el país de residencia, el número de visado norteamericano, además de la dirección donde el individuo tenga previsto permanecer durante su estancia en Estados Unidos. Asimismo, las autoridades norteamericanas se reservan el derecho a requerir otros datos de los pasajeros.

Esta medida se pone en práctica tras su aprobación en el Congreso después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York.